domingo, 28 de febrero de 2016

“Y es que aterra la corrupción interna
De casi todas nuestras instituciones.” Piedad Bonnet.


Mas lo grave en extremo es que eso que asevera la escritora y poeta, no ocurra o sólo sea cosa de unos críticos, una minoría de minorías de nuestra sociedad. Sociedad enferma. Y no puede ser que tal conducta no sea la propia de una sociedad sana, saludable.


Cuando esto pasa y no sucede nada*, que no es ficción sino cruda realidad (de silencios y conmociones) de un país llamado Colombia, ha tenido que correr mucha agua bajo el puente y, durante largo tiempo, de tal manera que dicho mal ha podido colonizar las propias defensas*, arraigándose en lo más profundos tejidos de sus disimiles órganos, deviniendo en una anomalía estructural. De arriba hacia abajo se va extendiendo un proceso de endurecimiento de la sensibilidad* frente a dicha práctica corrosiva que, la sociedad termina participando de la misma, contemporizando con ella, tolerándola; no sancionándola socialmente. La impunidad rampante* es un catalizador acelerado para la extensión de este fenómeno.


Es más, los afectados mismos por esta acción depredadora -ciudadanos vulnerables, necesitados-, expresan públicamente su “complacencia y admiración” por tan afinadas cualidades en tan distinguidos señores, doctores entre otros! Encabezan esta manifestación afectuosa, las nutridas frondas de sus comensales.


El ser de la corrupción es múltiple y su alcance devastador, en proporción a la pulpa-carne de la institución donde se aloje: Tráfico de influencia (administración de ventajas para sus clientes), sobornos, formas simuladas de extorsión, fraudes varios, distorsión de los protocolos organizacionales para la no transparencia, elusión de observancias claves, exoneración de faltas, omisión de llamados de atención, discriminación, acosos incluso para el provecho personal…De tal forma que ella, la corrupción, no se agota en lo puramente económico. Y su consumación no tiene necesariamente que ser ruidosa. Mientras no se detecte, ella transcurre con el acompañamiento del más sinuoso sigilo de la más excelsa banda sonora sin nombre.


Y claro, el sector educativo, y las instituciones educativas, no son la excepción! En éstas, la corrupción se mete hasta con el menudo de los estudiantes; por el que no tiene que haber consideración alguna. Y como en este infra-nivel todo es informal, él es terreno abonado para el abuso. Los objetos y bienes de la institución, más por lo de público, son presa fácil de los ágiles de mano (que no es sólo de mano) en la maraña del personal, incluso de mando.


Son varios los puntos o estaciones posibles donde privilegiadamente operan los puertos de la corrupción en la institucionalidad escolar, que no se limitan a la hechura de Cuentas, sino que se extiende a los mecanismos de hacerlas efectivas (las cuales según el decir de afectados llegan a fundar su mercado de compra-venta), y en el que los más desvalidos de la cadena (trabajadores informales) son las víctimas de siempre, los esquilmados.


Y como eso es de nadie, es decir, es público…qué higueputa! Tal es en el fondo la mísera concepción sobre la que cabalgan estos impostores de funcionarios que operan en la educación.


Los niños (no sólo de la guajira) los matan los corruptos, sino que estos mismos especímenes, lejos de padecer una eventual situación de peligro de extinción!!! Medran a sus anchas el menudo de los estudiantes y los flacos presupuestos de las instituciones escolares.



Ramiro del Cristo Medina Pérez



Santiago de Tolú, finales de febrero - inicios de marzo -2016

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